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Memoria antigua sobre comienzos de la plástica en Cuba


Gina Picart

 

 

Entre la papelería perteneciente a la Academia de Artes y Letras de La Habana, desaparecida en 1961, el investigador Oscar Ferrer Carbonell encontró un documento titulado La pintura en Cuba, firmado por Antonio J. Molina, quien añade bajo su rúbrica la siguiente aclaración: Pintor cubano. El documento lleva bajo su título una frase entre paréntesis y subrayada que indica que se trata de una especie de memoria destinada a la superación del personal (¿), o al menos eso es lo que aparece escrito.

 

Como este documento tiene ya medio siglo y contiene datos interesantes, he obtenido autorización de Ferrer (la papelería de la Academia es parte de su herencia familiar) para publicar algunos fragmentos del mismo.

 

“La pintura, una de las artes más preciadas, y que ha servido para atestiguar los hechos históricos, en cuba no se desarrolló ampliamente sino en los últimos dos siglos. Tenemos noticias, bastante confusas, por cierto, de las primicias en la pintura cubana, pero solo por referencias muy lejanas, sin contar con un ejemplar siquiera de aquellos primeros pasos en el arte pictórico cubano.

 

“Nuestras viejas iglesias, en su mayoría pobres, no atesoraron buenas pinturas, y solo de cuando en cuando alguna obra importante vino a enriquecer —si así nos atrevemos a decir— el tesoro artístico nacional en contraposición con algunas hermanas naciones americanas que poseen maravillas en este aspecto.

 

“Algunos de nuestros escritores se han dado a la tarea de ensalzar la pintura cubana desde el descubrimiento de la Isla, y ello es solo hijo del amor al suelo patrio, porque dudamos enteramente de sus palabras, puesto que desgraciadamente Cuba no se distinguió en manera alguna en el campo del arte en general, y menos en la pintura.

 

“Pocos pintores se atrevieron a venir a nuestra patria a volcar su arte, y gracias a ellos pudimos entrar bastante tarde en el mundo del arte.

 

“La Iglesia fue una de las más preocupadas en este sentido como más adelante informaremos, y lo demuestra que el primer dato sobre una pintura en Cuba se refiere al retablo de la entonces Parroquial Mayor, ejecutada por un tal Juan Camargo, “que cobró mil ducados”.

 

“Entre los pintores de aquellos tiempos los historiadores citan al llamado Thomas de Manrique, sin que conozcamos obras del mismo.

 

“Las órdenes religiosas encargan la decoración de sus templos y casas de estudio “a artistas escogidos entre la raza de color”.

 

“GRABADOS

 

“En Inglaterra, Francia y Holanda se publican algunos grabados hechos con motivos cubanos, algunos bastante lejos de la realidad, pero que de todas maneras llenan una función, especialmente histórica, porque la mayoría se refiere a hechos bélicos y costumbristas.

 

“Entre esos grabados contamos con “La destrucción de la flota de plata en la bahía de Matanzas” (1628) (Museo Británico);

 

“Ataque al puerto de La Habana” (1668) (grabado francés)

 

“La toma de La Habana” (grabado inglés)

 

“Entre los grabadores descuella Francisco Javier Báez (1748-1828), que produce muy interesantes estampas de santos, escudos de armas y hermosas decoraciones para las cajas de tabaco cubano.

 

“Las costumbres cubanas quedan enteramente impresas en los grabados de Garneray, Barrera, Sawkins, Laplante, Barañanoy Mihale.

 

“Las más antiguas muestras de grabado que poseemos en Cuba son  un Escudo de España encabezando la Tarifa General de Precios, de 1723, y las viñetas del libro de Menéndez Márquez, de 1727, firmadas por el grabador Habré, del que no se tienen más noticias.

 

“De las estampas de Báez anotamos las estampas de “San Salvador de Horta”, “San Judas Tadeo”, y el “Señor de los agonizantes”, y el “Beato Sebastián de Aparicio”; los retratos de Carlos V, Fernando VII, Jorge III de Inglaterra y el Obispo Morell de Santa Cruz, y las ilustraciones del libro “Peces y crustáceos de la Isla de Cuba”, del naturalista portugués Antonio de la Parra.

 

Hasta aquí este fragmento que ha salvado para la posteridad la opinión de un pintor cubano que escribía en 1960 sobre los orígenes de la pintura cubana. Algunos de sus criterios pueden haber sido superados por investigaciones posteriores realizadas a la luz de la más moderna tecnología, pero así era como veía, a raíz del triunfo revolucionario, un artista plástico los comienzos del arte en Cuba.
 

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