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La flota marinera del Ejército Mambí

Por Gina Picart

España, a no dudarlo, fue una potencia marítima, y muchos e los barcos de su flota de Indias se construyeron en los astilleros de La Habana, entre ellos su buque insignia, el Santa Isabel, del que ya hemos escrito aquí. Y sufrieron el destino del que tiene más y el que no tiene se lo quita. Los mambises, necesitados de buques para la transportación de armamento y otros menesteres propios de la guerra, tuvieron una flotilla de tres barcos, hecho poco conocido en la historia de Cuba. De ellos, dos embarcaciones fueron literalmente pirateadas a sus dueños, y esta es su historia.

El 23 de marzo de 1869 se hizo a la mar el vapor Comanditario, que hacía la ruta de carga ypasajeros hasta Cárdenas y otros puertos de la costa norte de la isla. El criollo Juan Bautista Osorio, sobrecargo del buque, estaba complotado con trece compañeros que también iban a bordo. Encerraron a la tripulación y el resto de los viajeros, en número de sesenta y cinco, en sus camarotes, y se apoderaron de la nave a nombre de la República de Cuba. De inmediato procedieron a cambiarle el nombre por el de Yara. A la mañana siguiente desembarcaron a sus prisioneros en un cayo, les suministraron víveres para que pudieran resistir hasta ser encontrados, y continuaron viaje hasta Nassau, donde debían entregar el fruto de su captura a otros patriotas cubanos que ya los estaban esperando. El objetivo de la maniobra era ayudar a los expedicionarios que debían seguir en la goleta Mary Lowell. Pero los españoles, avisados a tiempo de lo que tramaban los insurrectos, esperaron en cayo Estribo a las dos embarcaciones y las barrieron a los cubanos con el fuego de sus cañoneras.

El segundo buque de la flota mambisa pertenecía a la empresa naviera Ramón Herrero y Cía, y su nombre era Moctezuma. El 7 de noviembre de 1877 arribó a Puerto Plata, República Dominicana. Procedente de Puerto Rico. Leoncio Prado, oficial de la marina del Perú e hijo del Presidente electo de ese país, ya había establecido contacto en Nueva Cork con emigrados cubanos para comprar un buque que sirviera como medio de comunicación con los mambises.  Salió de Nueva Cork hacia Puerto Plata y una vez allí se reunió con sus compañeros de conspiración. Todos sacaron pasajes separados para el Moctezuma, aparentando que no se conocían entre sí,  en el momento en que el buque se encontraba en alta mar rumbo a Santiago de Cuba, y aprovechando la distracción de la cena, se apoderó de los pasajeros y la tripulación revólver en mano, y tras asegurarles que tomaba posesión del barco en nombre de la República de Cuba, les aseguró que estaban fuera de peligro y le cambió el nombre a la embarcación por el de Céspedes.  Al día siguiente desembarcó a todo el mundo en Haití, reteniendo solo a aquellos miembros de la tripulación que le eran indispensables para seguir maniobrando el buque. Luego de pasar por Jamaica, Honduras y el cabo Gracias a Dios, fondeó en la ensenada de Bragman. Pero tres de los marineros escaparon  se presentaron al Cónsul español para informarlo del suceso. Los españoles enviaron desde Las Habana a los buques Tornado y Jorge Juan en persecución de Prado, quien al verse acorralado prendió fuego a su navío y se refugió en tierra hondureña.

El tercer barco fue adquirido por la Junta Revolucionaria de Nueva York a la empresa naviera Seabury. Era un yatch de cincuenta pies de eslora, que solo podía navegar aparejado a un balandro o con un motor de quince caballos. Su nombre era Alfredo y lo comandaba José Eliseo Cartaya, capitán del Ejército Libertador. El barco operó entre Cayo Cofites, Bahamas, Cayo Romano y la isla de Turiguanó. Durante mucho tiempo burló la vigilancia de los españoles en el Canal Viejo de Bahamas, de solo once millas de ancho, lo que habla a favor de la pericia  y sagacidad de su tripulación. En su faenar acarreó correspondencia, armas, explosivos, medicinas y víveres. Este heroico barco sobrevivió al fin de la guerra y prestó servicios en la Marina Nacional hasta 1925, en que fue fondeado para reparaciones y nunca se volvió a saber de él.
 

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