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Celia
Sánchez Manduley
Por Víctor Pérez Galdós
El 11 de enero de 1980 falleció en La Habana Celia Sánchez Manduley,
quién fue catalogada como la más hermosa y autóctona flor de la
Revolución. Símbolo de la entereza y la ternura de la mujer cubana
ella fue una destacada luchadora revolucionaria y también una
prestigiosa dirigente de la Revolución.
Celia nació en Media Luna, zona oriental de Cuba, el 9 de mayo de
1920, en la casa situada en avenida Raúl Podio, número 111, barrio
de Pueblo Nuevo. Esta vivienda declarada en la actualidad Monumento
Nacional, fue construida en 1908 y los padres de Celia la habitaron
desde 1913.
Hasta 1940 la familia estuvo residiendo allí ya que en ese año se
trasladaron hacia el poblado de Pilón. Cursó
la enseñanza primaria en la escuela pública de Media Luna y luego
continuó estudiando en Manzanillo. Su
juventud la pasó después en Pilón. Su padre era una persona de gran
prestigio en la zona ya que era médico.
En los años finales de la década del cuarenta y principios de la
siguiente, Celia mostró su adhesión a los planteamientos que hacía
el líder del Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo), Eduardo Chibás,
quién denunciaba la corrupción y los turbios manejos de los
dirigentes y funcionarios del gobierno.
Al producirse en 1952 el golpe de estado de Fulgencio Batista, Celia
se opuso resueltamente al régimen dictatorial impuesto por la
fuerza.
En mayo de 1953, en unión de su padre, el doctor Manuel Sánchez
Silveira, y de integrantes de la Fragua Martiana y la Sociedad
Espeleológica de Cuba, subió al Pico Real del Turquino para colocar
un busto de José Martí en la mayor elevación del territorio cubano,
como homenaje al Apóstol, en el año del centenario de su nacimiento.
Al realizarse ese mismo año el ataque al cuartel “Moncada”, Celia
patentizó su solidaridad con el grupo de jóvenes que habían llevado
a cabo esa audaz acción.
Dos años después ella fue una de las fundadoras en la zona donde
vivía del Movimiento 26 de Julio, y en los meses siguientes y
durante 1956 en coordinación con el dirigente de esa organización en
la provincia de Oriente, Frank País, trabajó en forma intensa en
preparar condiciones para darle el apoyo necesario a la expedición
encabezada por Fidel Castro que se había previsto llegara por la
costa sur del territorio oriental cubano.
Cuando los expedicionarios del Granma llegaron a Cuba, Celia ya
tenía organizado un grupo de hombres con armas y alimentos par
apoyarlos en la zona de Niquero, pero el desembarco se produjo por
la zona de Las Coloradas.
En los días sucesivos Celia desempeñó un papel muy significativo en
el apoyo a los combatientes rebeldes sobre todo después del 5 de
diciembre cuando en Alegría de Pío los integrantes del Ejército
Rebelde fueron sorprendidos y dispersados.
En el transcurso de las siguientes semanas ella envió alimentos,
armas y todo lo que pudo para los combatientes que habían podido
reunirse con Fidel Castro, para proseguir la lucha en las montañas
orientales.
Algún tiempo después también Celia ayudó a trasladar al primer
contingente de hombres enviado por Frank País como refuerzo al
Ejército Rebelde y fue ella la primera mujer en incorporarse a esta
fuerza guerrillera en el año 1957. Participó en el combate de El
Uvero el 28 de mayo de ese año.
Posteriormente cumpliendo misiones de Fidel bajó en varias ocasiones
al llano y ya en octubre del año citado permaneció en la Sierra
Maestra y atendió disímiles funciones en la Comandancia General del
Ejército Rebelde.
Después del triunfo revolucionario Celia trabajó intensa y
abnegadamente por el desarrollo y defensa de la Revolución. Mantuvo
un estrecho contacto con el pueblo. En 1964 se le nombró Secretaria
de la Presidencia y del Consejo de Ministros.
En 1965 integró el primer Comité Central del Partido Comunista de
Cuba y en el primer congreso de esta organización, efectuado en
1975, se le ratificó tal condición. En 1976
fue electa diputada a la Asamblea Nacional del Poder Popular y
Secretaria del Consejo de Estado.
Ella siempre cumplió a cabalidad las diversas responsabilidades que
se le confiaron. También gracias a su iniciativa y labor, la mayoría
de las veces en forma absolutamente anónima, se crearon diversas
instituciones y centros, como por ejemplo, el Parque Lenin,
destinados a la recreación del pueblo. |
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