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PERSONAJES |
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Lázaro
Ross
Por Víctor Pérez Galdós
Lázaro Ross, quién fuera catalogado como el Akpwon cubano y Rey de los cantos yoruba en nuestro país, constituyó
una emblemática figura de la cultura cubana, Lázaro Ross, quien fue
calificado como el Akpwon cubano, y también como rey de los cantos
Yoruba en nuestro país. Los ritos africanos lo identificaron como
Ocha Niwe.
Su nacimiento tuvo lugar el 11 de mayo de 1925 en el barrio de
Santos Suárez, en La Habana.
Desde niño se sintió cautivado por el embrujo de los cantos y
tambores que sonaban al fondo de su casa. A los 13 años comenzó a
cantar en las fiestas de santos. Muchas veces con el dinero ahorrado
como repartidor de leche, viajaba a la ciudad de Matanzas. Allí en
los más respetados
templos se comenzó a identificar su voz privilegiada para este tipo
de cantos.
Con el decursar de los años se convirtió en una especie de leyenda
por su virtuosismo, sabiduría y entrega artística y llegó a ser un
notable cultor de las tradiciones afrocubanas. Lázaro Ross tuvo el don de convertir las tradiciones de los
negros africanos en hechos artísticos. En 1949 comenzó a presentarse
en un programa dominical de música folclórica en la emisora Cadena
Azul.
Después realizó actuaciones públicas, pero un momento significativo
en su futura carrera artística fue en 1959 cuando Argeliers León,
uno de los fundadores de la musicología en Cuba y destacado
antropólogo, lo vinculó con el Teatro Nacional donde se estaba
tratando de captar figuras con posibilidades para el desarrollo de
actividades artísticas folclóricas.
Integró el colectivo que presentó por primera vez en La Habana un
espectáculo afrocubano en la sala Covarrubias del Teatro Nacional,
lo que ocurrió en el propio año 1959.
En una de las entrevistas que le realizaron destacó como se
transformó de simple vendedor de pollos a artista y profesor. Por su
meritoria labor recibió entre otras condecoraciones la Orden
Félix Varela de primer grado y sobre todo el cariño y el respeto de
su pueblo y de públicos de diferentes partes del mundo.
Falleció en La Habana el 8 de febrero del 2005 y su cortejo fue una
demostración del reconocimiento y admiración del pueblo por este
singular artista. Más de dos horas duró el traslado de su cadáver
desde la funeraria a la necrópolis de Colón y la marcha fúnebre
estuvo interrelacionada con cantos, ritos y bailes. Precisamente a
unos 100 metros de la entrada de
la necrópolis habanera su féretro fue cargado en hombros y utilizado
como tambor mientras muchos de los participantes en la ceremonia
bailaban y entonaban cantos de despedida. Y ello, más allá de las
aceptaciones que tuvo en los escenarios donde se presentó fue
expresión
de algo que para él fue un gran anhelo, puesto que siempre consideró
que lo más importante era que sus cantos llegaran al pueblo. |
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