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PERSONAJES |
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Santiago
Álvarez
Por Víctor Pérez Galdós
Nacido en La Habana el ocho de marzo de 1919, Santiago Álvarez llegó
a ser un cineasta de reconocido prestigio tanto en Cuba como en el
mundo, y de modo muy especial sobresalió por su labor como
documentalista. Él fue uno de los fundadores
del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos,
constituido en nuestro país el 24 de marzo de 1959.
A los 15 años trabajó como aprendiz de cajista y linotipista.
Participó después en huelgas organizadas por la Unión Sindical de
Artes Gráficas. Fue fundador y presidente de la Asociación de
Estudiantes del Instituto Nocturno de La Habana.
Tenía 19 años cuando viajó a los Estados Unidos donde tuvo que
realizar disímiles labores, entre ellas fregador de platos, minero,
corrector de pruebas, pulidor de metales y vendedor, para poder
contar con un dinero con que sostenerse.
Acerca de su posterior desenvolvimiento dentro del cine cubano,
llegó a expresar: “No sabía nada de cine, pero tenía vocación
periodística. Había sido director de una revista sindical y en el
periódico Hoy me publicaban de vez en cuando. “El cine, agregó, me dio la oportunidad de expresar lo que había
estado guardando en mis archivos mentales. Estuve programando en mi
computadora cerebral hasta los 40 años y a partir de entonces
comencé a expresarme de manera cinematográfica.”
Santiago Alvárez fue el creador y director del Noticiero
Latinoamericano ICAIC. Además elaboró múltiples documentales, varios
de los cuales alcanzaron una gran notoriedad y también obtuvieron
premios internacionales. Entre sus documentales se encuentran los
titulados Historia de una plaza, Hanoi, martes 13; 79 primaveras, L.
B. J;. Mi hermano Fidel; Now y de América soy hijo: a ella me debo.
En relación con sus motivaciones para crear, él afirmó: “Yo me
emociono con lo que hago; si no fuera así, no emocionaría a la
gente. El día que me aburra trabajando tendré que reconocer que
perdí la inspiración.”
Y con respecto al cine planteó: “Yo tengo la tesis de que el cine
tiene que ser razón y emoción a la vez, porque se puede razonar
desde el punto de vista político o filosófico, pero si no se tiene
sensibilidad, ese análisis resulta frío, no conmueve ni convence.” |
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