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Edición del Jueves, 29 de Enero de 2009 (01:00 horas)

Alicia Alonso, una gloria cubana y universal

Martha Sánchez

Mucho se ha oído hablar de Alicia Alonso. Su nombre suele asociarse enseguida al de una gran artista de la danza mundial. Cualquier cubano lo sabe, aunque jamás haya presenciado un ballet, aunque no tenga interés de hacerlo nunca. Pero todos en algún momento la hemos visto acaparando la atención de los medios de prensa. Claro, la artista cubana más reconocida a nivel mundial y la que más fama y gloria ha llevado a nuestro país, no pasa desapercibida. Y lo cierto es que su personalidad atractiva ha tejido sobre la bailarina un velo de misterio; al punto que muchos aún se preguntan si todavía baila. 

Alicia ha dedicado su vida a la danza. Primero, a formarse como una bailarina respetable, luego, a conformar un estilo propio, y después, a perpetuar el ballet dentro de la cultura cubana y como parte integrante y ya inseparable de ella. Fundó –junto con los hermanos Fernando y Alberto Alonso- la primera compañía profesional de ballet de este país, hace 60 años. En aquella época ese arte era escasamente comprendido en los escenarios latinos, sin embargo, a pesar de las contradicciones sociales, políticas e incluso de salud que padeció, la decisión y valentía que la caracterizan la hicieron persistir en elevar su rango de bailarina internacional.

Alicia respaldó la revolución social en Cuba como el único medio que transformaría la conciencia de las personas en todos los ámbitos. Y con el triunfo revolucionario se alzó sobre prejuicios e ideologías burguesas y llevó su arte al pueblo, a las fábricas, los campos. Los escenarios naturales fueron infinitos: un bosque, un valle, cualquier calle.

En el mundo de la danza comenzó a hablarse de una bailarina prodigiosa en giros, dueña de una manera particular de usar la técnica. Algunos pasos se conocen desde entonces como "pirouette (giro) Alonso" o "quinta Alonso". Pero en Alicia afloran virtudes que trascienden la técnica, pues si su Giselle y su Carmen se convirtieron en mitos para el público y en paradigmas danzarios, más que por el nivel de perfección de los detalles técnicos ha sido por la genial interpretación de los personajes.

Con gran sensibilidad supo articular el pensamiento en gestos. A través de la danza fue capaz de relatar cualquier historia, tanto la de la niña malcriada, como la de la gitana rebelde e incomprendida, o la de la joven que muere por una traición y aún después de muerta continúa defendiendo el amor. Si la excelencia solo fuese técnica, todos los personajes tenderían a confundirse pero con la Alonso no hay dudas. Ella dibujó su Lisette de "La fille mal gardee", su Swanilda de "Coppelia", su Kitry de "Don Quijote", su Odette y Odile de "El lago de los cisnes", todos los protagónicos, con matices distintos, dotando a cada uno de rasgos psicológicos que le otorgaban una fuerte apariencia real.

De Alicia es poco conocido su amor por los animales, en especial, su pasión por los perros, el extraordinario sentido del humor que predomina en su carácter y que la llevó, en el pasado, a gastarle bromas a los bailarines con los que actuó. En su juventud cultivó la pintura y desde niña ama el color azul y venera la literatura. También se niega a creer que la raza humana sea la única vida posible en el universo y hasta defiende algunas teorías al respecto. El 31 de diciembre de 1957 se convirtió en la primera bailarina de América Latina que bailó en Rusia, entonces Unión Soviética. Allí interpretó nada más y nada menos que el clásico "Giselle" en el Teatro de Opera y Ballet de Riga.

En su campo profesional no deja de sorprender cada año con una nueva obra coreográfica. Además, asesora gran parte de los ensayos y puestas escénicas de su compañía, tanto en Cuba como en el extranjero. Para Alicia el trabajo no tiene fin. Tal vez sea por esto que a pesar de ser conocido el hecho de que numerosos padecimientos de la vista la aquejaron desde muy joven, muchos dudan sobre la posibilidad de una pérdida total de la visión.

1931, el mismo año en que murió Ana Pávlova, realizó su debut como bailarina, en el Teatro Auditórium de La Habana, hoy Amadeo Roldán. Hacía una de las damas de corte en el gran vals de "La bella durmiente", según la versión coreográfica de quien fuera su primer maestro Nicolás Yavorsky.

El mito Alicia Alonso no ha dejado de crecer desde entonces. Sin dudas, todo cubano ha aprendido a respetarla como gran bailarina, repositora de los clásicos y coreógrafa, o como la artista más universal de Cuba o, sencillamente, como la danza misma, que es como prefiere ser comparada la propia Alonso, y ustedes coincidirán con nosotros en que lo merece.

Nació el 21 de diciembre de 1920, pero de todos sus datos históricos; este es el que menos valora. Repite cada día que vivirá 200 años. Eso habla por sí solo de su tenacidad.
 

 
 


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