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Edición del Viernes,
05 de Marzo de 2010
(11:30 horas) |
Un Partido sin
fines electorales y garante de los comicios
Lino Lubén Pérez
Servicio Especial de la AIN
A diferencia de la práctica universal, el Partido Comunista de Cuba
(PCC) mantiene desde su creación hace cerca de medio siglo, la tesis
de que no es una institución con fines electorales: ni designa
candidatos y tampoco los elige.
Su papel como ‘’la fuerza dirigente superior de la Sociedad y el
Estado’’ está delimitado en la Constitución de la República,
aprobada en referendo popular en 1976, cuando votó el 98 por ciento
de los electores en unos comicios que sentaron pautas de democracia
participativa.
El PCC encarna las tradiciones de lucha de generaciones anteriores,
es continuador del Partido Revolucionario Cubano fundado por José
Martí para lograr la independencia nacional, del primer Partido
Comunista y de las organizaciones revolucionarias que combatieron la
tiranía de Fulgencio Batista.
Tales antecedentes legitiman la existencia de un solo Partido en las
condiciones de la Isla, enfrentada desde el inicio de la Revolución
en 1959 al desenfrenado injerencismo de los gobiernos de Estados
Unidos, que han tratado de recuperar su antigua colonia a cualquier
precio.
Bajo esas condiciones, en que la defensa de la obra revolucionaria
resulta recurrente, la función electoral del Partido se limita a
garantizar que las elecciones se efectúen con total transparencia y
de acuerdo con la Carta Magna, como ocurre en el actual proceso de
nominación de candidatos a las Asambleas Municipales del Poder
Popular.
Incluso, la pertenencia a este de los nominados no es requisito,
aunque muchos de ellos sean militantes, precisamente por ser
ciudadanos prestigiosos.
Pero ese ejercicio democrático no se manifiesta solo cuando hay
convocatoria a las urnas, sino que las organizaciones políticas y de
masas, incluidos los niños desde el cuarto grado, eligen
periódicamente a sus dirigentes de base y hasta el nivel nacional.
Otro hecho característico es que en ningún tipo de elección se
permite propaganda electoral con pasquines, vallas, menciones de
radio y televisión, y mítines a favor de los aspirantes.
¿Cuánto se haría en Cuba con el récord de 641 millones de dólares
recaudados en el 2008 para la campaña presidencial de Barack Obama,
quien se deshizo en promesas para llegar al poder desde la Casa
Blanca y no ha cumplido ninguna?.
Cada uno de esos mensajes alienantes es sustituido por la
publicación en lugares concurridos de las biografías y las fotos de
los propuestos en igualdad de condiciones. Los candidatos, como
regla, son ampliamente conocidos por los electores, pues se trata de
individuos de prestigio ciudadano que viven en el propio barrio.
Hasta la custodia de las urnas difiere de lo tradicional, pues los
niños las cuidan en contraposición a la amenazante presencia de
policías o soldados armados a las puertas de los colegios
electorales, algo típico en otros países.
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